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La trampa SIP

Parece que el culebrón de la fusión de la CAM se ha cerrado. Las noticias que envuelven a la fusión fría, SIP, protagonizada por la caja alicantina, Caja Extremadura, Cajastur y Caja Cantabria muestran una gran satisfacción por parte de los dirigentes alicantinos. La presión ejercida por el BCE sobre la CAM, así como el aviso para navegantes que ha supuesto la intervención de Cajasur, suponían un acicate a la hora de lograr una fusión que mejore las cuentas, que ofrezca una posición más solvente frente a la morosidad, en definitiva que creara una entidad capaz de afrontar las nuevas normas de juego del panorama financiero hispano. La opción de una fusión convencional se ha ido esfumando con el paso del tiempo.

La intervención a principios de la semana de Cajasur puso en el candelero la urgencia por reestructurar el mercado financiero español. Y no es una cuestión menor como podrían haber pensado los clérigos que jugaban a ser banqueros. La decisión de optar por la intervención de forma voluntaria puso de manifiesto el mal que le han hecho al sector financiero español todos aquellos dirigentes que provienen de la política o del clero. Al grito de antes intervenidos que darle la caja a los rojos de Unicaja, los dirigentes de Cajasol han puesto al IBEX, al euro y a la deuda española en un brete de complicada explicación. El FMI, Moody’s y la madre que los parió, se han apresurado a exigir la reestructuración y saneamiento de la banca española. Mientras las cajas han jugado al gato y el ratón. Si el caso de caja cordobesa parece sacado de una película de Pajares y Esteso, el caso de nuestra caja alicantina ha parecido un capítulo de Granjero busca esposa.

El círculo se ha cerrando. La CAM cada vez se sentía más sola y presionada. Cada vez que se acercaba a una caja para preguntar, aunque sólo fuese la hora, le han pedido hasta la cartera. La opción de fusionarse con cajas más pequeñas se esfumaba. Primero Caja Murcia, después la BBK, todas aquellas entidades de menor tamaño, las más apetecibles por eso de no perder la identidad, la sede social o el poder de mando, le han dado calabazas al pretendiente alicantino. La CAM parecía al primogénito de una casa noble, familia de cristianos viejos pero arruinados, que busca consolidar la posición a través del enlace con la joven hija de un acaudalado burgués.

Así en este contexto, bajo una fuerte presión por parte del BCE, la CAM se ha aliado en una SIP, fusión fría, con Cajastur, Caja Cantabria y Caja Extremadura

Ahora surgen preguntas de difícil respuesta.

Primera: ¿Qué es una SIP?

SIP es el acrónimo de Sistema Institucional de Protección mediante el que las entidades protagonistas mantienen sus nombres, con sus sedes en sus mercados tradicionales.

En este caso los negocios se integran, los riesgos se controlan conjuntamente, pero las entidades bancarias no pierden su personalidad jurídica. El impacto para la red de sucursales y la plantilla, un problema en los procesos de fusión que están en marcha, es infinitamente menor con esta opción ya que cada una mantendrá su propia imagen y red de sucursales en cada región y en aquellas en que no tienen presencia comparten el riesgo ya que mediante un contrato las entidades colaboran y forman un holding que controla la liquidez y la solvencia de todos los socios a través de un sistema propio de clasificación de riesgos.

El SIP es una fórmula de integración sin pérdida de la personalidad jurídica, que además está impulsada desde Bruselas.

Pero tras las bondades del sistema SIP se esconden ciertos nubarrones.

Una de las cuestiones claves es la naturaleza jurídica que tendrá el holding que se constituya para gestionar la SIP. Según Crespo muy posiblemente será un Banco. Sí un banco, con lo que eso supone en cuanto a la posibilidad de que otras entidades financieras, bancos de verdad en este caso, puedan comprar o absorber la entidad resultante de la SIP.

Segunda: ¿Cómo afectará la fusión fría a la entidad?

El protocolo SIP está regulado por la directiva europea 2006/48/CE, y que se transpone al ordenamiento jurídico español mediante RD. 216/2008, que regula sólo sobre los recursos propios de las entidades financieras siendo, por tanto, su regulación muy pobre y repleta de lagunas con el consabido riesgo que esto supone en cuanto a seguridad jurídica se refiere.

Por tanto los dirigentes de la CAM han decidido ligar su futuro a una opción que está pobremente regulada y que ofrece más brumas que claros.

Tercera: Siendo tan buena esta opción ¿Por qué no se persiguió desde el principio? ¿Por qué se buscó primero una fusión tradicional frente a otras cajas?

La inseguridad que aporta la desregularización del sector y la bancarización del ente resultante de la SIP empujaron a los dirigentes de la CAM a buscar fusiones tradicionales, pero la débil posición negociadora alicantina a empujado a tomar decisiones cuanto menos arriesgadas.

Y la pregunta que lanzo yo es: ¿Alicante se merece aventureros en la dirección de la CAM?

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