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¿Quién dijo crisis?

>Si miramos para atrás el mes de mayo de 2010 pasará a la historia como uno de los meses más importantes de este período que estamos viviendo. La crisis pasará, vendrán tiempos mejores y volveremos a comer perdices al albor del crecimiento económico. Pero este momento que estamos viviendo marcará el futuro ya que hoy se están sentando las bases del mañana. Como se sentaron las bases de esta profunda crisis durante la etapa del crecimiento distorsionado, la etapa del ‘España va bien’ y del ‘Milagro español’.

Hoy en día pagamos una dura hipoteca. El estado español ha estado a punto de comprometer su solvencia y hasta la cartera en los mercados financieros. Las causas son diversas pero la grave situación económica provocada por la destrucción del principal motor de la economía patria.
Aquellos fueron días de vino y rosas. Días en que cualquier desmán quedaba solapado en hormigón y ladrillos. La apuesta de los políticos por el desarrollo urbanístico como principal motor relegó a otros sectores productivos a políticas de olvido. En la provincia de Alicante, la cuarta de España en peso dentro del PIB, su tradicional y variada industria fue dejando de ser competitiva en mercados internacionales, pero eso no le importó a nadie. Si se cerraba una fábrica, en seguida se tapaba ese pequeño desastre con una macro urbanización de chalets y campo de golf. Se realizaban numerosas inversiones ruinosas, Terra mítica, Ciudad de la Luz,… Pero no pasaba nada, las cajas valencianas asumían cualquier agujero financiero. El crecimiento cegó a los gestores. Siempre habría clientes dispuestos a invertir en el ladrillo valenciano ergo la CAM y Bancaja siempre tendrían clientes en forma de préstamos hipotecarios. Pero el crecimiento se detuvo y las reglas del juego cambiaron. Las casas dejaron de comprarse, los créditos dejaron de fluir. ¿El huevo o la gallina? El paro aumentó. Descendió el consumo, aumentó la morosidad. Sólo entonces comenzó a cundir el pánico.

El mercado laboral empezó a demostrar que sufría un fuerte problema de elasticidad. La elasticidad se utiliza en economía para medir la capacidad que tienen las cosas para poder adaptarse, fluctuar, es decir variar. Una demanda inelástica es una demanda que no decrece, pero que tampoco crece. La elasticidad del mercado laboral, mejor dicho su inelasticidad, se debe a que el mercado es incapaz de recolocar a los trabajadores que se han quedado en paro o aquellos que aun teniendo trabajo, por la debilidades estructurales de sus sector, deberían ser recolocados.

Una explicación bien sencilla: Si la mayoría de las empresas de un territorio determinado se dedican a un sector en crisis no van a generar empleo, lo van a destruir. Así cuando sus trabajadores acuden al mercado laboral encuentran que ese sector no ofrece más oportunidades y por tanto deben reciclarse. Pero una vez reciclados se encuentran que el resto de la economía no podrá ofrecer, no podrá cubrir toda esa nueva demanda de empleo. No existen suficientes empresas para todos esos parados. Entonces el miedo se instala. Los parados se encuentran con la sensación de que no será nada fácil volver a trabajar. Y dejan de consumir. Este miedo se contagia a los que si tienen trabajo que también dejan de consumir. Y el consumo interno se hunde. ¡Llega la crisis! Las empresas empiezan una guerra de precios desbocada. Y esta guerra de precios va dejando cadáveres por el camino. Empresas que tienen que cerrar por falta de rentabilidad, empresas que reducen plantillas para ganar rentabilidad. Más paro. Más miedo.

El gobierno, como todos los demás, decide tirar de las arcas públicas. Aumenta el gasto: Plan E, ayuda de los 400 €, el FROB, Cheque Bebé,… La factura aumenta. El caso español es delicado, pues mientras otros estados también se gastan la pasta gansa, esos otros estados poseen economías con bases más sólidas, en pocas palabras, no dependían tanto como España del ladrillo. EEUU tiene Silicon Valley, Inglaterra la City, Alemania a sus ingenieros,…

Las arcas españolas las han pasado canutas y esto terminó pagándose en los mercados financieros. La UE temerosa de perder competitividad o a su orgullosa moneda ha acudido al rescate. Y ha exigido medidas drásticas.

No vamos a pararnos a hablar de si hubiésemos tomado esas medidas con anterioridad no habrían sido tan duras porque habrá tiempo para eso. Lo importante ahora son las consecuencias directas de todo este desaguisado.

Primero: Una dura reforma laboral, con plan de austeridad incluido. Veremos qué pasa con el consumo interno cuando baje el poder adquisitivo de aquellos que aun lo tienen.

Segundo: La subida de impuestos. Del impuesto de todos, desde el que vive en una mansión hasta el que vive en una chabola, el IVA. Veremos qué pasa con el consumo interno.

Tercero: La reordenación del mapa de las Cajas. Fusiones, reducciones de plantillas. Prejubilaciones. Más paro. Veremos qué pasa…

Cuarto: La disminución de la inversión pública. Empobrecimiento de la sociedad a nivel servicios. Perdida de competividad del tejido empresarial por falta mejoras en infraestrucruras. Desaparición de empresas que viven y generan empleo dependientes del ente público. A saber, infraestructuras, formación, servicios de limpieza y recogida de basuras, se me ocurren así a bote pronto. Más paro aun. Veremos…

He visto un caracol, se deslizaba por el filo de una navaja, ese es mi sueño, más bien mi pesadilla, arrastrarme, deslizarme por todo el filo de una navaja de afeitar, y sobrevivir.

Coronel Kurtz
Apocalypse Now. 1979
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