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El coaching: el camino hacia la excelencia del directivo

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El Coaching empieza a ser una palabra muy de moda en los tiempos que corren. En los círculos empresariales, Asociaciones y Escuelas de negocio, se habla cada vez más de un término que empieza a ser popular y que como sucede en los comienzos de todo, en ocasiones nace desvirtuado, puesto que, en muchos casos se “toca de oído”.
Estamos viviendo tiempos en los que la jerarquía cede paso al apoyo, la censura a la evaluación motivadora, las motivaciones externas a las motivaciones internas. Ya no es necesario satisfacer al jefe sino que hay que complacer al cliente.

Las barreras protectoras caen y es necesario desarrollar los equipos de trabajo para explorar nuevas vías, el cambio se instala en nuestras vidas siendo necesario acogerlo con naturalidad y visualizarlo como un elemento posibilitador en vez de cómo algo “castrador”.
Es ahora cuando hay que hacer algo que nos permita encontrar el correcto equilibrio para recorrer esta nueva andadura de forma posibilitadora.

El Coaching es un proceso que pretende desarrollar un estado personal/profesional en el ser humano de forma que le permita alcanzar sus anhelos y metas de una forma gratificadora.

Hace ya años descubrí, que lo que realmente hace progresar a las empresas, a las organizaciones, y a las personas en sí, era la capacidad de sus líderes y directivos de pensarse y repensarse así mismos, de cuestionarse su forma de hacer como manera de progresar, desarrollando con ello el “enseñar aprendiendo” en sus colaboradores.

Tradicionalmente se nos ha enseñado a “hacer” haciéndonos repetir, igualmente nos han enseñado a “dirigir” como una “técnica” que aprendemos y que tratamos de “repetir”, pero sin que necesariamente nos afecte a nosotros como personas.
Resulta curioso ver como pretendemos conseguir resultados diferentes a los que hoy obtenemos, (ya sea con el equipo o con la empresa), sin cambiar nada en el “cómo” lo hacemos, en definitiva, sin cambiar nada en nosotros mismos.

Se nos olvida la máxima que debe regir nuestra actividad: “Si siempre haces lo que has hecho, nunca llegarás más lejos de lo que has llegado”.

Decía Sócrates que no existe el “enseñar” sino sólo el ”aprender”, y con esa sencillez se describe hoy en día lo que es el “Coaching”, palabra inglesa que viene de “Coach” que significa “Entrenador”.
Sócrates ayudaba a aprender a los demás haciendo preguntas y dejando que cada uno sacara lo mejor de sí, encontrando las respuestas. De forma que cada uno solo aprende de sí mismo con la ayuda, con el estímulo del “Coach”, (entrenador), que nos ayuda tanto a “preguntarnos” como a “respondernos” por nosotros mismos.

La responsabilidad del “Entrenador” es despertar en nosotros el dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad, de forma que con ello cada uno de nosotros esté dispuesto a pagar el precio que supone el evolucionar, el descubrir, el ser mejor persona, teniendo claro que ese precio siempre se paga por adelantado.

Ese precio viene en forma de incertidumbres, ya que debemos abandonar nuestro territorio de “comodidad”, en el que habitualmente nos movemos, para adentrarnos en el terreno de lo nuevo, de lo desconocido, de lo que no dominamos… y eso ciertamente, nos producirá inquietud.

Es fácil pensar o decir: “Si yo me eduqué, me crié así, si yo soy así… ¿cómo voy a cambiar? Ese pensamiento, esa creencia, sólo nos descubre la “tragedia” de la vida, pero no nos ayuda a salir de ella.

Groucho Marx decía: “Puedes ser lo que quieras, sólo existe un obstáculo, tú mismo”. La labor del “Entrenador” no es más que la habilidad de plantearte como retos y desafíos la superación de determinados temas y miedos considerados por nosotros como “tabúes”. Todo ello basándose en la filosofía humanista, que nos indica que cada uno de nosotros es como un lápiz y como tal, tiene que tener siempre presente cuatro reglas:

  • La primera de ellas es la de darte tiempo, de vez en cuando, para usar el sacapuntas contigo, eso hace que sufras un poco, pero al final estás más afilado y escribes mejor.
  • La segunda de ellas es que, lo importante del lápiz no es la madera o el recubrimiento del mismo, lo verdaderamente importante es el grafito que lleva en el interior y que permite que el lápiz escriba.
  • La tercera es que el lápiz permite utilizar la goma de borrar. No existe el error, existe la experimentación y con ello la oportunidad de crecer como persona.
  • Y por último, la cuarta: Todo lápiz deja siempre huella, deja siempre marca…, de ti depende la calidad de esa huella.

El Coaching te puede brindar un escenario distinto, lleno de posibilidades y de retos. La responsabilidad de cada uno de nosotros es respondernos a la pregunta: ¿TE ATREVES?…

Francisco Blanes

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